Agricultura / Jardinería

¿Cómo se prepara el suelo para la siembra?

26 enero, 2016

Seguramente, en más de una ocasión, se te habrá pasado por la cabeza la idea de cultivar tus propias verduras y hortalizas. Además de contar con la maquinaria apropiada, como la que te pueden proporcionar empresas como Talleres Fuertes, te vendrá bien tener en cuenta una serie de consejos prácticos que repasamos a continuación.

A la hora de preparar el terreno, lo primero de todo es eliminar la maleza. Cuanto más limpio esté el suelo que vayamos a explotar, menos probabilidad habrá de que aparezcan malas hierbas que debiliten nuestro cultivo. De todas formas, por mucho que nos afanemos y tratemos de evitarlo, lo normal es que después de regar aparezcan algunas. Todo depende, claro está, de las condiciones meteorológicas. Este momento también puede ser aprovechado para soltar la tierra que se haya apelmazado tras el riego, sobre todo si este es por inundación. Recuerda que la primera capa ha de estar siempre suelta.

Talleres Fuertes

Después de limpiar la superficie, llega el momento de airear y mullir. Para esta tarea empresas como Talleres Fuertes nos pueden facilitar los llamados chisels, cultivadores empleados para la roturación del terreno. Es esencial comprobar antes de empezar que la tierra no esté seca ni tampoco demasiado húmeda. Esto quiere decir que lo mejor es dejar pasar unos días entre la fase de riego y la de arado. Después llegará el momento de echar mano de los dosificadores de abono, químico u orgánico. Para aplicarlo, antes hay que remover la tierra sin voltearla. Lo recomendable es hacerlo entre 20 y 25 centímetros de profundidad. El surco es la forma más habitual de hacerlo para conseguir un buen soporte para las plantas. Funciona además como vaso de riego para recoger el agua y regar la cosecha. Esta fase es importantísima ya que de ella depende en gran medida el éxito de la futura cosecha.

Talleres Fuertes

El hecho de abonar el terreno supone incorporar una serie de nutrientes, orgánicos o químicos, que favorezcan el crecimiento de las plantas. Obviamente, aunque hace años se hacía de forma manual, a día de muchas empresas nos ponen las cosas más fáciles con maquinaria especializada. Mientras que los fertilizantes orgánicos son de origen animal o vegetal, los químicos proceden en su mayoría de yacimientos minerales. Los segundos actúan mucho más rápido y proporcionan a la planta los nutrientes para su completo desarrollo. Están compuestos sobre todo de azufre, calcio, fósforo, magnesio y potasio. Mucho cuidado con las proporciones ya que, si nos pasamos, podemos estropear la cosecha. Es preferible quedarnos cortos e ir añadiendo más a medida que sea necesario. Sea como sea, la preparación del terreno dependerá de varios factores: el sistema de riego que se vaya a usar, lo que se vaya a cultivar, la maquinaria disponible y la nivelación del terreno.

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